lunes, 18 de febrero de 2013

Trendy

Tengo que confesarlo: siempre odio lo nuevo. No sé sí es mi instinto natural hipster o mi odio patológico al cambio, pero me arriesgaria a decir que el 90% de las cosas qué se ponen de moda me parecen horrendas, o estúpidas, o ambas. Por ejemplo, el año pasado (o el anterior?) estaban por todos lados las sandalias tipo gladiador. A quién se le ocurre? Parecía que todas nos estábamos preparando para enfrentarnos a un león en el piso arenoso del Coliseo. Casi como sí no vivieramos rodeados de cemento, o pasaramos más de 15 minutos al día parados o caminando. Creo que el tiempo más largo que la mayoría de la gente pasa de pie es en la ducha, y ahí no se necesitan zapatos. Lo que pasó después sólo fue peor: el ascenso de la sandalia con plataforma ortopedica fluorescente, o animal print; o mejor, animal print con detalles en fluo! Por favor, alguien llevese este cáncer y devuelvanos las Crocs! Sé que es sólo cuestión de tiempo hasta que me encuentre usandolas, como pasó con todo lo demás.
Me acuerdo cuando se pusieron de moda los chupines “pero qué mierda! Eso no favorece a nadie. Culo gordo y pies grandes es lo único qué resaltan, y no necesito ayuda para ninguna de las dos cosas, gracias.“ Después fueron las calzas, casi lo único peor qué el chupin qué podían pensar. No sólo ajustan en todos los lugares equivocados (en todos los lugares, bah), sino qué además ofrecen CERO soporte. Y heme aquí, en el bondi con calzas rojas...

lunes, 11 de febrero de 2013

Todo siempre tiene sentido.


En mi cabeza todo tiene sentido.
A quién le importa de qué trabajes? A quién te garches? De qué te recibas o no te recibas? A nadie. Es todo una conspiración más grande que la de Papá Noel. Una mentira que nos hacen creer desde chiquitos para que hagamos la tarea y comamos los vegetales.
Lo importante en la vida es ser felices. Lo importante es usar nuestro tiempo para nosotros, y para los que queremos. Lo que tiene que hacerme llorar a la noche, cuando hace 10 horas que los libros me esperan para que los lea, y hace 3 semanas que mi cronograma de estudio junta polvo en el piso probablemente debajo de la cama, es esa laguna entre las montañas que no pude ver porque no me levanté lo suficientemente temprano. Es esa fiesta con mis amigos a la que no me quedé porque no quería que mi novio se sintiera incómodo, o esa amiga con la que nunca más hablé, esas clases de piano que nunca tomé, ese grupo de coro que abandoné. Pero no lloro por eso. Lloro porque no llegué a leer “respi”. No porque haya tenido algo mejor que hacer, sino porque me niego a sentarme y hacerlo. Nada más. Porque mi cabeza está en mi contra, o yo estoy en contra de mi cabeza… en cualquier caso, no nos podemos poner de acuerdo. Yo creo que estas cosas podrían ser de lo más interesantes, pero hoy mi cabeza decidió que escribir esto era mejor y mis manos la obedecen.
Quizás mi vida no está en esto. Quizás lo mío no es el estudio, o la nutrición, o ser secretaria en un consultorio. Quizás nací para no ser nadie. Nadie. No digo alguien importante, ni siquiera alguien del montón, simplemente nadie. Quizás nací para perderme entre la gente, para vivir quejándome, para la autocompasión. Y que no me vengan con que no está determinado el para qué vinimos a este mundo, porque yo creo que sí, y en general hablar con la pared tiene más respuesta que intentar hacerme cambiar de opinión. Uno puede escapar a su “destino”, claro que sí. Pero todos tenemos algún talento. Todos tenemos algo que nos sale con más facilidad, o nos apasiona lo suficiente como para seguir intentándolo aunque seamos unos chotos, y la clave de la vida es descubrir dónde entro yo. Toda esta odisea molesta de crisis manejadas como a cada uno le salga mejor es para descubrir qué es lo que se suponía que teníamos que hacer en primer lugar. No sería más fácil que te manden con una etiqueta? Virginia: cajera de McDonalds hasta que la mate el colesterol. Basta de querer creerme la niña genio. Basta de querer apuntar al cielo y llorar porque no subo ni un escalón sin tropezarme. Basta de culpar a mi vieja alcohólica, a mi viejo muerto, al destino. Mamá no me mandó a piano, ni a danza clásica, ni me acompañó al dentista cuando era chiquita. Claramente todos esos traumas me condicionaron para ser ahora este patético intento de emo a los 27 años. Pregúntenle a cualquier psicoanalista! Seguro porque no me obligaron a usar plantillas es que ahora no me gusta mostrar mis pies, y seguro por mi inseguridad sobre mis pies es que me da miedo hablar en público, y porque me da miedo hablar en público no estudio  para los exámenes. Cuánta genialidad.  Se ve que me equivoqué de carrera. Mañana mismo me anoto en psico. O mejor, me vuelvo life coach.
Bueno, cambio de enfoque. En Ética para Amador, el autor le dice a su hijo algo con lo que estoy de acuerdo completamente, pero que no consigo aplicar a mi vida: siempre tenemos una opción. Si ahora quisiera, podría agarrar mis ahorros, armarme un bolsito, e irme adonde me lleve el viento. Podría agarrar un cuchillo, salir corriendo, y matar a la primera persona que me cruce. Podría ponerme a gritar como una desquiciada. Podría agarrar ese libro que me mira con reproche desde los pies de la cama y estudiar hasta quedarme dormida. Podría unirme al circo. Está en mis manos el poder de decidir eso, y en parte de eso depende que va a pasar mañana, y el mes que viene, y el resto del no-prometedor año 2013. Y ningún trauma de mi infancia está en este momento al lado mío amenazando con matarme si no lo hago. Hay algo que me detiene, que me retiene, pero soy solamente yo.